4 Cuaresma — Ciclo A: Lecturas, Evangelio y Reflexión

Este Domingo 4 de Cuaresma, en el Ciclo A, la Iglesia nos invita a entrar con confianza en la misericordia de Dios y a dejar que la luz de la fe transforme nuestra vida. En este tiempo santo, la liturgia propone ver más allá de las apariencias y abrirse a la obra de Dios en nosotros y en el mundo. Las lecturas nos muestran la elección divina, la llamada a vivir como hijos de la luz y la revelación de la fe que da sentido y visión auténtica. Que la gracia de este domingo nos anime a avanzar en la conversión cuaresmal con esperanza y apertura al Señor.

Primera Lectura

Referencia completa: 1 Samuel 16,1b-7; 10-13a

Texto breve (paráfrasis de 5-8 versículos): Samuel recibe la orden de ungir al nuevo rey en Belén. El Señor le advierte que no mire la apariencia, sino que mire el corazón. Uno a uno, los hijos de Isaí desfilan ante Samuel, pero ninguno es elegido hasta que aparece David, el menor. El Espíritu del Señor se posó sobre David desde aquel día. Samuel unge a David y, al ver al joven, entiende que Dios ha elegido a un rey conforme a su voluntad, no a criterios humanos.

Explicación (aprox. 150 palabras): En esta lectura, la liturgia nos recuerda que la elección de Dios no depende de la estatura, la riqueza o la popularidad, sino de la apertura del corazón. David, joven pastor, no es presentado como un líder temible, sino como alguien que, a la mirada divina, ya vive la semilla de la reconciliación y la justicia. El Espíritu de Dios que se posa sobre él señala el inicio de una misión de cuidado y ristra de fidelidad. Este pasaje nos invita a revisar nuestras propias tentaciones de valoración por apariencias y a pedir al Señor que nos conceda ojos de fe para reconocer a las personas y las circunstancias donde Dios está llamando, aun cuando no sean evidentes a primera vista.

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Salmo Responsorial

Antífona: El Señor es mi pastor; nada me falta.

Salmo: El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdades de su amor me guía a lugares de reposo; me reconforta con su mansa presencia y me protege con su amor. Aunque camine por quebradas oscuras, su luz me acompaña y me invita a confiar. Busquemos en este salmo una voz que nos recuerde que la verdadera seguridad no depende de nuestras fuerzas, sino de la cercanía de Dios que cuida, guía y sostiene en cada paso del camino cuaresmal.

Segunda Lectura

Referencia completa: Efesios 5,8-14

Texto breve (paráfrasis de 5-8 versículos): Ya no vivan en la oscuridad, sino como hijos de la luz. Exhorten las obras de oscuridad y den a conocer, con sus acciones, la verdad que brilla en Cristo. Despierten al Señor y al oír su palabra, eviten la ingratitud y la tibieza; las acciones de la oscuridad dejen de ser su realidad, pues la vida nueva de la resurrección se despliega cuando caminan en la luz. Que la gracia de Dios las haga testigos de la verdad que libera del pecado y les conduzca a la santidad cotidiana.

Explicación (aprox. 150 palabras): En esta carta a los cristianos de Éfeso, san Pablo insiste en la transformación moral que acompaña a la fe: un cambio de identidad, de oscuridad a luz. Ser “hijos de la luz” implica una vida de coherencia: que nuestras palabras, gestos y prioridades correspondan a la verdad revelada por Cristo. La exhortación no es una lista de prohibiciones, sino una invitación a vivir con discernimiento, a permanecer despiertos para evitar las trampas del pecado y a asumir la responsabilidad de construir comunidades donde la justicia y la bondad florezcan. Este pasaje nos llama a mirar nuestras obras y a permitir que la luz de Cristo exponga lo que debe ser cambiado para que la vida del Evangelio brille en nuestras relaciones, en el trabajo y en la familia.

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Evangelio del Domingo

Referencia: Juan 9,1-41

Texto completo del Evangelio: No incluido por derechos de autor. A continuación, un resumen y la exégesis solicitados.

Resumen del texto: Al encontrar a un hombre ciego de nacimiento, Jesús no busca culpables sino que revela la salvación presente: “Mientras haya luz, para que los que creen vean”. Jesús escupe, mezcla barro y lo unge, y envía al hombre a lavarse en la piscina de Siloé; al regresar, el hombre ve. Esta curación desencadena un debate entre Jesús, los fariseos y el hombre, en el que la verdadera visión no se reduce a la vista física sino a la fe. El hombre reconoce a Jesús como el mensajero de Dios; los fariseos, ciegos ante la realidad de la obra de Dios, siguen sin creer. El relato concluye con la confesión de fe: “Creo, Señor”, y con una invitación a abrirse a la luz que da la salvación.

Exégesis (aprox. 200 palabras): El milagro de la ceguera y la vista en Juan 9 funciona como símbolo de la fe que transforma la vida. Los discípulos cuestionan la culpa como origen del mal, pero Jesús responde que la situación es ocasión para manifestar las obras de Dios. El barro y el acto de lavarse en Siloé revelan un rito de sanación que aproxima al creyente a la comunión con Dios. La claridad del testigo no depende de la aprobación social, sino de la experiencia personal de la acción de Cristo. Los fariseos exhiben una ceguera moral, obstinada, que impide reconocer la acción de Dios; el hombre recién iluminado, por su experiencia de liberación, llega a la fe lúcida. El pasaje invita a una conversión profunda: no basta ver, hay que creer y adorar a Jesús como Señor y Hijo de Dios.

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Conexión entre las lecturas

Las tres lecturas giran en torno a la revelación de la verdadera visión que Dios ofrece: Dios elige al rey no por apariencia, nos llama a vivir en la luz, y se revela en Jesús, que trae la sanación y la fe. La transformación comienza en la intimidad del corazón, se manifiesta en la vida cotidiana y alcanza su plenitud cuando la persona reconoce a Cristo como Señor. Este hilo común nos invita a abrir los ojos a la acción de Dios, a vivir como hijos de la luz y a responder con fe y obediencia a su escucha.

Para llevar a la vida — Reflexión

  • Observa durante la semana qué “apariencias” influyen en tus juicios y pídele a Dios ojos de fe para ver con su mirada, especialmente en quienes te rodean.
  • Realiza una acción concreta de caridad o servicio a alguien necesitado, como gesto de caminar en la luz y compartir la gracia recibida.
  • Dedica un momento diario de oración y lectura de la Palabra para pedir la iluminación de Dios que transforme tus actitudes y decisiones.

Para la familia y la catequesis

  1. ¿Qué significa para ustedes ser llamados por Dios sin depender de la apariencia externa? ¿Quién les ha mostrado esa mirada de Dios?
  2. ¿En qué situaciones de la vida diaria pueden entenderse como “ver” la acción de Dios, incluso cuando otros no la ven?
  3. ¿Cómo pueden los miembros de la familia catequizarse mutuamente en la fe, como quien reconoce a Jesús como Señor y Salvador?
Erica Sibari

Erica Sibari

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