26 Ordinario — Ciclo A: Lecturas, Evangelio y Reflexión

Este Domingo 26 del Tiempo Ordinario A nos invita a mirar de cerca la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos ante Dios y ante los demás. En la liturgia de este día, la Iglesia propone un itinerario de conversión que cruza las tres lecturas: la responsabilidad personal ante Dios, la humildad que se esconde en el servicio, y la llamada a la obediencia que nace de la fe. A través de Ez 18,25-28, de Filipenses 2 y del Evangelio de Mateo, la Palabra nos recuerda que la vida de fe no se reduce a palabras, sino a gestos concretos de amor y justicia. Es un momento para revisar nuestras resistencias, para pedir la gracia de arrepentimiento y para fortalecer la esperanza de que, con la gracia de Cristo, podemos transformar nuestras acciones y nuestras relaciones.

Primera Lectura

Referencia: Ez 18,25-28

Texto breve (paráfrasis): El Señor afirma que cada persona es responsable de su propio camino. El justo que se aparta de la justicia para hacer el mal morirá; el impío que abandona la maldad y se vuelca hacia la justicia vivirá. Nadie cargará con la culpa de otros; cada uno será juzgado por sus actos. Si el justo se aparta para hacer el mal, morirá; si el impío se aparta de la maldad para practicar la justicia, encontrará la vida. Dios recuerda que la vida depende de la respuesta individual a su llamada y que siempre hay camino de conversión para quien se arrepiente.

Explicación: Este pasaje subraya la responsabilidad personal ante Dios. No hay calculos colectivos que eximan a nadie de responder por su conducta; la justicia y la vida no se heredan, se cultivan. En el marco del Tiempo Ordinario, es una llamada a convertir el corazón y a vivir la justicia en la vida diaria. La lectura prepara el telón para la parábola de los dos hijos, recordándonos que las promesas deben convertirse en actos. Dios no se contenta con palabras; quiere respuestas concretas que nazcan de un corazón renovado y dispuesto a caminar en la verdad.

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Salmo Responsorial

Salmo 25 (24): A ti, oh Señor, elevo mi alma; Dios mío, en ti confío. Antífona: Muéstrame, Señor, tus sendas; enséñame tus caminos.

Reflexión: Este salmo es una oración de confianza que invita a mirar hacia Dios como fuente de guía. En el marco de las lecturas de hoy, la petición de ser dirigido por el Señor se transforma en compromiso: no basta pedir caminos rectos, hay que avanzar por ellos en obediencia y misericordia, con la esperanza de que Dios acompaña a quienes se comprometen a vivir la verdad.

Segunda Lectura

Referencia: Flp 2,1-11

Texto: 1 Si hay algún estímulo en Cristo, si hay consuelo de amor, si hay participación en el Espíritu, si hay afecto y misericordia, 2 completad mi gozo: permaneciendo unidos; teniendo un mismo sentir, un mismo amor, un mismo ánimo; 3 nada hagáis por egoísmo o vanidad, sino con humildad, considerad a los demás como superiores a vosotros mismos; 4 no miréis cada uno por vuestro propio interés, sino también por el de los demás. 5 Haced vuestros el mismo sentir de Cristo Jesús, 6 que, siendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, 10 para que, al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

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Explicación: En este pasaje el apóstol propone una ética de la comunión que nace de la humildad de Cristo. El llamado a la unidad y a la correspondencia entre fe y vida se expresa en una transformación de actitudes: dejar de buscar el propio interés, vivir con generosidad y valorar a los otros como hermanos. El himno de Cristo es la clave: la grandeza de Jesús no se afirma en poder, sino en la renuncia, la obediencia y el servicio. Esta exhortación evita la tentación de una fe meramente doctrinal o ritual; invita a vivir en clave de kenosis, para que la vida de la comunidad refleje el amor de Cristo.

Evangelio del Domingo

Referencia: Mt 21,28-32

Texto completo: 28 ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; se acercó al primero y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. 29 Él respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue. 30 Acudió al segundo y le dijo lo mismo; él respondió: Sí, Señor; pero no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Ellos dijeron: El que hizo la voluntad. 32 Jesús les dijo: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de Dios. 32 Porque vino Juan a vosotros en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y aunque oísteis, no os arrepentisteis luego para creerle.

Exégesis: La parábola de los dos hijos confronta al lector con la tensión entre promesa y acción. El primer hijo, que parece rebelde, se convierte al final en ejemplo de conversión real; el segundo, que promete obediencia, queda en la superficialidad. Jesús señala que la verdadera obediencia no depende de palabras, sino de actos que llevan a la justicia y al Reino. La mención de los publicanos y prostitutas que se acercan a Juan y luego creen subraya la misericordia de Dios: la puerta está abierta para quienes reconocen su necesidad de conversión. Además, la lectura invita a una evaluación personal: ¿nuestros “sí” de boca se reflejan en nuestras acciones diarias?

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Conexión entre las lecturas

Las tres lecturas apuntan a una misma realidad: la fe auténtica se demuestra en la vida. Dios llama a cada uno a una conversión personal y sostenida, no a una religiosidad de palabras. La justicia de Ez 18 nos recuerda la responsabilidad individual; el himno de Filipenses nos propone la humildad y la entrega de Cristo como camino; el Evangelio de Mateo denuncia la brecha entre prometer y hacer. Juntas invitan a caminar con coherencia entre lo que creemos y lo que vivimos, para que nuestra vida sea una verdadera respuesta al amor de Dios.

Para llevar a la vida — Reflexión

  1. Elige una acción concreta de servicio esta semana para demostrar la fe en la vida diaria, sin buscar reconocimiento.
  2. Haz una revisión diaria de tus palabras y actos: ¿están alineados con la voluntad de Dios o hay promesas vacías?
  3. Pide la gracia de la humildad y la obediencia, pidiendo que tus decisiones favorezcan el bien común y la justicia para los demás.

Para la familia y la catequesis

  1. En familia, ¿qué gesto concreto podemos hacer esta semana para ayudar a alguien que lo necesite?
  2. ¿Qué aprendimos de la parábola de los dos hijos y cómo podemos aplicar ese aprendizaje a las acciones de cada día?
  3. Durante la catequesis, ¿cómo podemos practicar la humildad y la escucha de los demás como signos de la fe viva?
Erica Sibari

Erica Sibari

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