Este Domingo 4 de Pascua A, en el Tiempo Pascual, la Iglesia nos invita a escuchar la voz de Jesús, el Buen Pastor, y a entrar por la puerta de la vida que él nos abre. En la liturgia de hoy se entretejen las lecturas para mostrarnos que Dios guía a su pueblo, lo cuida y llama a la conversión y al testimonio. A través de la primera lectura se ve la predicación de Pedro que invita a la conversión; la segunda lectura recuerda que incluso el sufrimiento por hacer el bien es posible cuando se confía en Cristo; y el Evangelio nos presenta a Jesús como puerta y pastor que da vida en abundancia. Que este domingo fortalezca nuestra fe, esperanza y amor.
Primera Lectura
Referencia completa: Hechos 2,14a.36-41
Texto breve (paráfrasis de 5-8 versículos):
- Pedro, de pie entre los apóstoles, alza la voz para dirigirse a la gente de Jerusalén.
- Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis.
- La gente, al oírlo, se siente con arrepentimiento y pregunta qué hacer.
- Pedro invita a arrepentirse y a bautizarse en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados.
- Se promete recibir el don del Espíritu Santo para todos los que crean.
- Los que aceptan el mensaje son bautizados y se forma la Iglesia, hombres y mujeres, en torno a Jesús.
Explicación: Este pasaje muestra cómo la predicación de Pedro crea la Iglesia en Jerusalén. La muerte y resurrección de Jesús ya no son un hecho privado, sino un acto público de Dios en favor de toda la humanidad. Pedro proclama con autoridad que Dios ha hecho de Jesús Señor y Cristo, cumpliendo las promesas para los que creen. La respuesta de la multitud, marcada por el arrepentimiento y por el bautismo, significa la entrada a una comunidad que vive de la gracia del Espíritu. El bautismo no es un rito vacío; es la puerta para recibir el don del Espíritu, la vida nueva en Cristo y la pertenencia a su Cuerpo. Este domingo nos invita a responder a la invitación de Dios con fe operante, convertirnos diariamente y vivir en comunión, oración y fracción del pan. De este modo, la Iglesia crece y camina en la misión pascual. También nos llama a ser testigos valientes en nuestro mundo.
Salmo Responsorial
Antífona: El Señor es mi pastor; nada me falta.
Salmo 23: El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes prados me hace descansar; junto a aguas tranquilas me conduce; restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor a su nombre. Aunque camine por valle de sombra de muerte, no temo, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me inspiran aliento. En la casa del Señor habitaré por largos días.
Reflexión: Este salmo nos invita a vivir confiados, sabiendo que Dios acompaña cada paso. En la Pascua, la cercanía del Buen Pastor nos da paz, nos llama a confiar y a servir, especialmente a los más necesitados, con la seguridad de su presencia.
Segunda Lectura
Referencia: 1 Pedro 2,20b-25
Texto breve (paráfrasis de 5-8 versículos):
- Si sufres por hacer el bien y lo soportas, eso es digno ante Dios; para ello has sido llamado.
- Cristo sufrió por vosotros, dejando ejemplo para que sigáis sus pasos.
- Él no hizo mal, ni engaño fue hallado en su boca; cuando le insultaban, no respondió; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregó a quien juzga con justicia.
- En sus heridas fuimos sanados; él cargó nuestros pecados para que vivamos en justicia; por sus llagas fuimos curados.
- Todos éramos como ovejas extraviadas; pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas.
Explicación: En este pasaje, Pedro invita a los creyentes a imitar a Cristo en la paciencia y la humildad ante el sufrimiento. La salvación no se gana con la fuerza, sino con la fidelidad: Cristo, inocente, tomó sobre sí los pecados para darnos la posibilidad de vivir en justicia. La imagen del Pastor subraya el cuidado pastoral de Dios: Jesús guía, protege y devuelve al rebaño a la verdad y la vida. Participar de su misterio, por tanto, implica asumir la propia vulnerabilidad como camino de amor. La Pascua se vive cuando la comunidad testimonia esa entrega, compartiendo la esperanza con los que sufren. Así, la Iglesia continúa, a la luz de la Resurrección, acompañando a cada persona en su marcha hacia la casa del Padre.
Evangelio del Domingo
Referencia: Juan 10,1-10
Texto completo (paráfrasis):
En verdad, os digo: el que entra por la puerta al redil de las ovejas es el pastor de ellas. El guardián de la puerta le abre, y las ovejas oyen su voz; él llama a cada una por su nombre y las saca. Cuando ha sacado a todas sus ovejas, va delante de ellas y las ovejas le siguen, porque reconocen su voz. A un extraño no le seguirán; huirán de él, porque no conocen la voz de extraños. Jesús les habló con esta comparación, pero no entendían qué quería decirle. Entonces Jesús dijo: Yo soy la puerta; quien entra por mí será salvo; entrará y continuará con seguridad y hallará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Exégesis (aprox. 200 palabras): El pasaje, situado en el contexto de confrontaciones con los dirigentes, utiliza imágenes familiares del mundo agrario para enseñar quién es Jesús y qué significa seguirlo. La puerta representa acceso seguro a la comunidad de fe; el pastor entra por la puerta y conoce a sus ovejas por nombre. Las ovejas siguen a quien reconocen, no a extraños, destacando la escucha de la voz de Cristo como prudencia de la fe. La afirmación “Yo soy la puerta” confirma que Cristo es el único camino hacia la salvación y la vida plena; Él ofrece protección y alimento espiritual en abundancia, no miseria. El contraste con el ladrón revela la necesidad de discernimiento: no toda promesa es buena, solo la de Jesús. En la Pascua, este Evangelio invita a confiar en la guía de Cristo, a vivir en la comunión de la Iglesia y a anunciar la vida que brota de su Resurrección, con una mirada esperanzada hacia el reino de Dios.
Conexión entre las lecturas
Las lecturas de hoy laten al unísono alrededor de la figura del Buen Pastor y de la puerta de la vida. En Hechos 2,14a.36-41, Pedro invita a la conversión y al bautismo para entrar en la comunidad; 1 Pedro 2,20b-25 recuerda que seguir a Cristo implica fidelidad en medio del sufrimiento; y en Juan 10,1-10, Jesús se presenta como la puerta y el Pastor que guía hacia una vida en abundancia. Juntas, anuncian que la Pascua no es solo un hecho pasado, sino una realidad que da sentido, identidad y misión a la comunidad de creyentes, llamados a escuchar su voz y a vivir en comunión.
Para llevar a la vida — Reflexión
- Escuchar diariamente la voz de Cristo en la oración y en la vida de la Iglesia, distinguiendo entre promesas verdaderas y modas espirituales.
- Practicar la misericordia y el servicio a los más necesitados, imitando la entrega de Jesús, incluso cuando cueste.
- Procurar vivir en comunidad: asistir a la Eucaristía, dialogar en familia y compartir la fe como testimonio de la vida nueva de la Pascua.
Para la familia y la catequesis
- ¿Cómo podemos cuidar unos de otros en la familia como el Buen Pastor cuida de sus ovejas?
- ¿Qué signos de la Resurrección y de la vida abundante vemos en nuestra casa y en nuestra comunidad?
- ¿Qué pregunta nos hace este pasaje para nuestra catequesis de esta semana?

