Pascua — Ciclo C: Lecturas, Evangelio y Reflexión

Este Domingo es el Domingo de Pascua C, en el Tiempo Pascual. La Iglesia nos invita a celebrar la resurrección de Cristo como razón de esperanza y compromiso. Las lecturas del día nos conducen desde la proclamación de la salvación para todos los pueblos, hacia una vida resucitada ya en la gracia, hasta descubrir en el Evangelio a un Jesús que ha vencido la muerte y que envía a sus discípulos a testimoniar con alegría. Es día para renovar la fe, la caridad y la esperanza que irradia de la Resurrección.

Primera Lectura

Lectura: Hechos 10,34a-43

Texto breve (5-8 versículos):

34a. Entonces Pedro abrió la boca, y dijo: De cierto, veo que Dios no hace acepción de personas.
37. Vosotros sabéis lo ocurrido por toda Judea: comenzó desde Galilea después del Bautismo que predicó Juan,
38. cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, que anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
39. Nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén, a quienes ellos mataron, hendiéndolo en un madero.
40. A éste Dios lo resucitó al tercer día, y dio a conocer,
41. no a todo el pueblo, sino a los testigos escogidos de Dios, a nosotros que comimos y bebimos con Él después de que resucitó de entre los muertos.
42. Y nos mandó testificar que es a quien Dios designó juez de vivos y muertos.
43. A éste dan testimonio todos los profetas, que, en su nombre, se arrepintiendo, se les perdonarán los pecados a todos los que creen en Él.

Explicación: En este pasaje, Pedro comprende que la salvación no está restringida a un pueblo particular, sino que Dios ofrece la gracia a todas las naciones. La resurrección de Jesús es el centro de la predicación apostólica: Él es el testigo fiel de la voluntad del Padre, el que debe ser creído para recibir el perdón de los pecados. Para la comunidad de creyentes, este texto es un llamado a la apertura misionera, a la universalidad de la gracia y a la obediencia que nace de la fe en la resurrección. Se nos invita a reconocer a Cristo en cada persona y a testificar con la vida que Jesús vive en nosotros.

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Salmo Responsorial

Salmo y antífona: Antífona: Este es el día que hizo el Señor; alegrémonos y exultemos en él.

Salmo 117 (118):

Alabado sea Yahvé, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Diga la casa de Israel: Su misericordia es para siempre. Abre mis ojos para contemplar las maravillas de tu ley. Este es el día que hizo el Señor; nos goza y nos alegra en él.

Reflexión: En la solemnidad de la Pascua, este Salmo invita a celebrar la misericordia de Dios que se hace visible en la historia de salvación. La alegría no es superficial; nace de la certeza de que Dios nos acompaña, quita las piedras de la sepultura de nuestro miedo y nos llama a vivir con ánimo nuevo. Que la experiencia de fe de este día se extienda a lo largo de la semana, iluminando nuestras palabras y gestos hacia el prójimo.

Segunda Lectura

Referencia: Colosenses 3,1-4

Texto: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también apareceréis con Él en gloria.

Explicación: Este pasaje invita a vivir ya la realidad pascual: nuestra existencia está trascendida desde la resurrección. No se trata de escapar de lo terreno, sino de reorientar el deseo, las prioridades y las acciones hacia lo que es eterno. Si miramos hacia arriba, descubrimos que nuestra verdadera identidad está en Cristo resucitado, y eso imprime un comportamiento de fidelidad, servicio y esperanza en la vida diaria. Es un llamado a la coherencia: la resurrección no es un evento pasado, sino una fuente de vida presente que transforma las relaciones y las decisiones.

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Evangelio del Domingo

Lectura: Juan 20,1-9

Texto completo (versículos 1-9):

1 El primer día de la semana, María Magdalena vino de madrugada al sepulcro, y vio que la piedra estaba quitada del sepulcro.
2 Y corrió, y vino a Simón Pedro y al otro discípulo, a quienes Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Entonces Pedro salió, y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Y estaban corriendo los dos juntos; pero el otro discípulo, que iba delante, llegó primero al sepulcro.
5 Y, inclinado, vio las vendas tendidas, masifice entró;
6 y llegó también Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio las vendas tendidas,
7 y el sudario que estaba puesto en lugar aparte, y el paño que cubría su cabeza, no puesto con las vendas, sino en otro lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, el que llegó primero al sepulcro, y vio, y creyó.
9 Porque aún no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitara de entre los muertos.

Exégesis: Este evangelio despliega el amanecer de la fe pascual. María llega al sepulcro y ve que la piedra está removida; la ausencia de Jesús no es traición de sus amigos, sino la revelación de una realidad más grande: la Resurrección. Los discípulos comprenden algo nuevo cuando entran al sepulcro y encuentran las prendas vacías; la fe no nace de la vista solamente, sino de la interpretación de las Escrituras: tenían que levantarse de los muertos. En este relato se intuye ya la misión que se extiende a todos: testimoniar que Cristo vive, que la victoria de Dios sobre la muerte es para todos los que creen.

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Conexión entre las lecturas

Las tres lecturas convergen en un mismo hilo: la presencia operante de Cristo resucitado que rompe la frontera de los límites humanos y llama a una vida nueva. En Hechos, la universalidad de la salvación; en Colosenses, la identidad que nace de la resurrección; en Juan, la evidencia de la tumba vacía y la fe que se enciende. Juntas, invitan a vivir con gozo y testimonio, sabiendo que la vida verdadera está en Cristo, ahora y para siempre.

Para llevar a la vida — Reflexión

  1. Comienza la semana con una oración de acción de gracias por la vida nueva que Dios te ofrece en la Resurrección; elige un momento cotidiano para pedir la gracia de vivir como quien ya está resucitado.
  2. Haz un acto concreto de servicio o perdón hacia alguien con quien estés en tensión. Que tu gesto sea testimonio de la alegría pascual: la vida que vence la muerte en las relaciones.
  3. Comparte la buena noticia: invita a alguien a acompañarte a la Misa, a un encuentro de catequesis, o simplemente a conversar sobre lo vivido en la experiencia de fe de la semana.

Para la familia y la catequesis

Preguntas para conversar en familia o en grupo:

  • ¿Qué significa para nosotros vivir ya en la Pascua de Cristo cada día?
  • ¿Cómo podemos mostrar la resurrección en nuestras palabras y actos dentro del hogar?
  • ¿Qué gesto concreto de servicio o encuentro de fe podemos proponernos como familia esta semana?
Erica Sibari

Erica Sibari

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