Este domingo es el segundo del Tiempo Ordinario en el Ciclo B. La liturgia nos propone una ruta de vocación: escuchar la voz de Dios, responder con fe y vivir como discípulos de Cristo en la vida cotidiana. Las lecturas nos invitan a descubrir a Dios que llama, a Jesús que invita y a la dignidad de la persona. Samuel aprende a distinguir la voz divina; los primeros discípulos se acercan a Jesús para seguirlo; San Pablo recuerda que nuestros cuerpos son templo del Espíritu y deben vivirse en santidad. El Evangelio nos llama a salir, a creer y a invitar a otros a ver al Señor, al iniciar un camino de formación y misión.
Primera Lectura
Referencia completa: 1 Samuel 3,3b-10; 19
Texto breve (paráfrasis de 5-8 versículos): En la noche, Samuel escucha una llamada divina; piensa que habla Eli y corre hacia él. Tras tres llamados, comprende que es Dios quien lo llama. Samuel responde con disponibilidad y escucha: habla, Señor, que tu siervo escucha. Eli le indica cómo responder con apertura y obediencia. A partir de entonces, el Señor se revela a Samuel y lo acompaña como su mensajero. Este episodio marca el inicio de la misión profética de Samuel y la manera en que Dios llama a sus servidores, incluso cuando aún no se sienten preparados.
Explicación (aprox. 150 palabras): La escena muestra que la vocación no exige perfección, sino disponibilidad para escuchar. Samuel, joven y recién llegado al servicio del Templo, no sabe aún distinguir la voz divina, pero su deseo de obedecer abre un camino de discernimiento. La presencia de Eli como figura de acompañamiento e discernimiento comunitario subraya que la vocación nace y se nutre en la vida de la comunidad. Dios no se impone con fuerza, sino que llama con paciencia y llama de nuevo cuando la respuesta es humilde y confiada. Este pasaje invita a la Iglesia a cultivar espacios de escucha, a acompañar a quienes buscan al Señor y a responder con fe cuando la voz de Dios se hace audible en la vida diaria. Samuel crece en la gracia y se convierte en instrumento de la revelación divina para el pueblo de Israel.
Salmo Responsorial
Antífona: Aquí estoy, Señor; para hacer tu voluntad.
Salmo (paráfrasis): Esperé a Jehová y se inclinó hacia mí para escuchar mi clamor; me sacó del pozo de la desesperación y me puso en una roca firme. Me dio un cántico nuevo de alabanza para anunciar su obra. Bienaventurado el que confía en Jehová y no se apoya en ídolos. ¿Qué he de ofrecerte, Señor, si mi vida es tuyo? Te alabo con toda mi existencia; deseo hacer tu voluntad en cada paso.
Segunda Lectura
Referencia completa: 1 Corintios 6,13c-15a.17-20
Texto breve (paráfrasis): En este pasaje, San Pablo recuerda que el cuerpo no está para la immundicia, sino que es templo del Espíritu Santo. Los cristianos han sido adquiridos a gran precio y deben glorificar a Dios con sus cuerpos. La llamada es vivir la santidad y la integridad, huyendo de la inmoralidad, porque estamos unidos a Cristo. El Espíritu que habita en nosotros constituye nuestra auténtica identidad y nuestra relación con Dios debe moldear cada acción, pensamiento y decisión. En resumen, el cuerpo es un don santo que debe responder al amor de Dios y al compromiso de vivir como miembros del Cuerpo de Cristo.
Explicación (aprox. 150 palabras): El pasaje no habla sólo de normas, sino de identidad. Para los cristianos, el cuerpo no es un objeto de uso, sino un templo vivo del Espíritu. Esta visión implica coherencia ética: la sexualidad, las relaciones y la conducta deben estar al servicio de la dignidad humana y de la llamada a la santidad. Al insistir en que hemos sido comprados por precio, Pablo sitúa la libertad cristiana en el marco del don de Dios y de la responsabilidad. Esto no es prohibición, sino invitación a vivir de forma plena, integrando cuerpo, espíritu y comunidad. La exhortación a huir de la fornicación se presenta como protección de la propia dignidad y como respuesta de gratitud al que nos ha redimido. En la vida diaria, cada decisión es oportunidad de testimonio del amor de Dios que nos ha tomado como su templo.
Evangelio del Domingo
Referencia: Juan 1,35-42
Nota: No se reproduce el texto completo del Evangelio por derechos de autor; a continuación se ofrece un resumen fiel y una exégesis que permiten entender la escena.
Resumen: En este relato, Juan el Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios. Dos de los discípulos de Juan siguen a Jesús y éste les pregunta qué buscan; ellos responden con un deseo de morar donde Él vive. Jesús les invita a venir y ver. Uno de los dos es Andrés, quien luego busca a su hermano Simón y le presenta al Mesías; Jesús mira a Simón y le dice que será llamado Cefas (Pedro). El pasaje enfatiza la iniciativa de Jesús en llamar a sus primeros seguidores y la respuesta de quienes desean acercarse a Él. También anticipa la misión que se consolidará con la experiencia de fe y el testimonio que acompaña al encuentro con Cristo.
Exégesis del Evangelio (Jn 1,35-42) – aprox. 200 palabras
La escena de la llamada en Juan 1,35-42 presenta un tono íntimo de iniciación a la comunidad de seguidores de Jesús. El Bautista actúa como conductor de fe, señalando a Cristo y dirigiendo a sus discípulos hacia Él, evitando que la curiosidad se convierta en adoración de un líder humano. La pregunta de Jesús ¿Qué buscáis? no es un cuestionamiento neutro, sino una invitación a confesar el deseo más profundo: encontrarse con Él y vivir en su presencia. El encuentro con Andrés y Pedro muestra la dinámica de la vocación cristiana: experiencia personal de encuentro que se traduce en testimonio y misión. El nombre hebreo Cefas (Pedro) ya sugiere una orientación hacia la función de liderazgo en la comunidad. En conjunto, el pasaje invita a la Iglesia a guardar la memoria de los primeros llamamientos y a responder con fe creativa, dejando que la presencia de Jesús transforme la vida de quienes se acercan a Él.
Conexión entre las lecturas
Las tres lecturas muestran que la vocación es un tema central: escuchar la voz de Dios (Samuel), responder a la invitación de Cristo a acercarse y seguirlo (los discípulos), y vivir la existencia como templo del Espíritu (1 Corintios). La conexión está en la llamada: Dios habla y el ser humano puede responder. Samuel aprende a decir sí; los discípulos aprenden a decir sí a Jesús; cada creyente es llamado a vivir de tal modo que su cuerpo y su vida testifiquen que el amor de Dios habita en nosotros. Es un itinerario de escucha, discernimiento y acción creyente que continúa hoy en la vida de cada comunidad cristiana.
Para llevar a la vida — Reflexión
- Dedica 5-10 minutos diarios a la oración de escucha: lee un pasaje y pregunta: ¿Qué me dice Dios hoy?
- Identifica a una persona o familia a la que puedas invitar a acercarse a Jesús y a la comunidad cristiana, con una actitud de cercanía y testimonio.
- Cuida tu cuerpo y tu vida como templo del Espíritu; busca la coherencia entre lo que piensas, dices y haces, para glorificar a Dios en cada acción.
Para la familia y la catequesis
Preguntas para compartir en familia o grupo de catequesis: 1) ¿Qué significa para nosotros escuchar la voz de Dios en nuestra vida diaria? 2) ¿A quién podemos invitar a «venir y ver» a Jesús y cómo podríamos hacerlo de forma concreta? 3) ¿Cómo manifestamos en la vida familiar que somos miembros del Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu?

