Bautismo del Señor — Ciclo A: Lecturas, Evangelio y Reflexión


Este Domingo Bautismo del Señor A cierra el ciclo navideño en el tiempo litúrgico del Tiempo Ordinario. La liturgia nos invita a contemplar a Jesús como Hijo amado que se identifica con la humanidad y que se sumerge en la vida del pueblo de Dios para iniciar su misión. En este día, la Iglesia nos recuerda nuestra propia identidad bautismal: llamados a vivir en el Espíritu, a hacer justicia con misericordia y a ser luz para las naciones. Es una invitación a escuchar la voz del Padre, a abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu y a dejar que la gracia bautismal guíe nuestros pasos durante la semana.

Primera Lectura

Referencia completa: Is 42,1-4;6-7

Texto (paráfrasis, 5-8 versículos): He aquí mi siervo, confiado por Dios; mi elegido, en quien se complace Dios. Sobre él reposa mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará ni alzará la voz en la calle, ni harán oídos las personas a su clamor; la caña cascada no quebrará, ni apagará la mecha que humea, sino que con fidelidad hará prosperar la justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que haya establecido la justicia en la tierra; y las islas esperan su enseñanza. Yo, Yahvé, te llamaré con justicia, te sostendré y te pondré por pacto para el pueblo, faro de luz para las naciones; para abrir los ojos de los ciegos, liberar a los prisioneros y sacar de la cárcel a quienes viven en tinieblas.

Explicación (aprox. 150 palabras): El pasaje presenta a un siervo elegido por Dios, ungido con su Espíritu, llamado a traer justicia a las naciones. La figura del Siervo no grita por protagonismo, sino que actúa con fidelidad y paciencia, incluso ante la fragilidad humana (la caña débil y la mecha que humea). Este lenguaje revela una misión de misericordia y liberación: no excluir a nadie, sino sostener a los débiles y abrir caminos de salvación. En la tradición cristiana, este “Siervo” es anticipación de Jesús, quien, lleno del Espíritu, se acerca a toda persona marginada y proclama la justicia de Dios con palabras y gestos concretos. Al meditar en este texto, la Iglesia es recordada de su propia misión: ser luz para las naciones y voz de esperanza para aquellos que viven en tinieblas.

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Salmo Responsorial

Salmo y antífona: Salmo 28 (29) – Antífona: El Señor da la fortaleza a su pueblo.

Reflexión breve: Este salmo responde a la soberanía de Dios sobre toda la creación y a su cuidado por su pueblo. Al orar con este himno, reconocemos que toda fuerza, toda belleza y toda curación provienen del Señor. En la voz que clama y en la respuesta de gratitud, se fortalece la fe del creyente: confiar en Dios no significa ausencia de pruebas, sino un encuentro confiado con Aquel que vela por su pueblo y lo guía hacia la verdad y la paz.

Segunda Lectura

Referencia completa: Hch 10,34-38

Texto (paráfrasis): Pedro toma la palabra y afirma que Dios no hace acepción de personas; en toda nación, aquel que le teme y hace justicia es agradable a Dios. Dios envió a los hijos de Israel la noticia de la paz por medio de Jesús, a quien Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder. Jesús hizo el bien, sanó a todos los oprimidos por el diablo; Dios estuvo con él, y su obra fue testimonio de la presencia del reino. Este pasaje subraya la universalidad del anuncio cristiano y la centralidad de la acción del Espíritu en la vida de Jesús y en la misión de la Iglesia.

Explicación (aprox. 150 palabras): Este relato de la actividad de Jesús en Galilea, desde su bautismo hasta sus obras de sanación, revela la cercanía de Dios a la historia humana. La universalidad de la salvación se afirma: no hay un pueblo seleccionado y otro marginado; Dios responde a todos quienes, con fe, se abren a la justicia. La unción con el Espíritu Santo y el poder demuestran que la misión de Jesús no es solo enseñanza, sino liberación y sanación. En nuestra vida de fe, este pasaje invita a reconocer la presencia de Dios en las acciones de Cristo y a dejar que el Espíritu nos empuje a ser instrumentos de salvación en nuestro entorno, especialmente hacia los que más necesitan consuelo y dignidad.

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Evangelio del Domingo

Referencia completa: Mt 3,13-17

Texto (paráfrasis del Evangelio Mt 3,13-17): Jesús sale de Galilea y va al Jordán para ser bautizado por Juan. Juan, sorprendido, intenta disuadirlo: “¿ soy yo quien debe bautizarte a ti, y tú a mí?” Pero Jesús insiste: debe hacerse así para cumplir toda justicia. Juan lo bautiza; al subir de las aguas, el cielo se abre, el Espíritu desciende en forma de paloma sobre Jesús y se escucha la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Este relato inaugura la misión pública de Jesús y revela la Trinidad en acción: el Padre, el Hijo y el Espíritu se hacen presentes en un momento determinante de la vida de Jesús y de la historia de la salvación.

Exégesis (aprox. 200 palabras): El bautismo de Jesús no es un rito para pedir perdón, sino la manifestación de su identidad y la inauguración de su misión. La respuesta de Juan muestra la primacía de la voluntad de Dios antes que la curiosidad humana; el Bautismo de Jesús ratifica su persona como Hijo amado y la apertura de la salvación para toda la humanidad. La presencia del Espíritu y la voz del Padre confirman la Trinidad en acción y señalan que Jesús no llega a la misión solo, sino que recibe la fuerza divina para realizarla. Este pasaje invita a los creyentes a reconocer su propia identidad bautismal: somos hijos e hijas amados, llamados a vivir en la justicia y a dejar que el Espíritu nos guíe hacia la verdad y la misericordia. La escena también prepara a la Iglesia para la misión: como Jesús, nosotros somos enviados a traer la salvación a cada rincón de la tierra.

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Conexión entre las lecturas

Las tres lecturas convergen en la revelación de la persona de Jesús como Hijo de Dios ungido por el Espíritu, llamado a traer justicia y liberación. Isaías presenta al Siervo fiel que actúa con paciencia y misericordia; Hechos recuerda que la salvación es para todos, sin acepción de personas; y el Evangelio de Mateo muestra a Jesús inaugurando su misión en el Bautismo, con la revelación de la Trinidad. Juntas, invitan a la comunidad a vivir su bautismo como una misión de luz, justicia y servicio en medio del mundo, con la seguridad de que Dios acompaña, fortalece y guía a su pueblo.

Para llevar a la vida — Reflexión

  • Recordar y renovar la promesa bautismal: cada día vivir como hijo o hija amados de Dios, abiertos a la acción del Espíritu.
  • Buscar gestos de justicia y misericordia en la familia y la comunidad; apoyar a quienes están marginados o en necesidad.
  • Escuchar la voz de Dios que nos llama a la misión: ser testigos contemporáneos de la misericordia de Cristo en nuestras decisiones cotidianas.

Para la familia y la catequesis

Preguntas para compartir en familia o en grupo de catequesis:

  • ¿Qué significa para cada uno vivir desde la identidad bautismal como hijo o hija de Dios?
  • ¿Cómo podemos imitar la obediencia de Jesús al Padre en nuestras decisiones diarias?
  • ¿Qué actos concretos de servicio podemos realizar esta semana para mostrar la misericordia de Dios a los hermanos?


Erica Sibari

Erica Sibari

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